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lunes, 2 de junio de 2014

MONUMENTOS DE LISBOA. SÉ DE LISBOA, CATEDRAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE LISBOA

Ubicada en Largo da Sé, Rua Augusta Rosa y Beco das Quebra Costas.


La Catedral de Lisboa o Catedral de Sé, de estilo románico, es una de las visitas obligadas en el barrio de Alfama. Se trata de uno de los pocos monumentos supervivientes a los sucesivos terremotos e incendios que han asolado la ciudad. Su construcción comenzó a mediados del siglo XII, cuando Alfonso Henríquez y el primer obispo de Lisboa, Gilbert de Hastings, decidieron levantarla sobre una antigua mezquita tras reconquistar la ciudad a los musulmanes durante la Segunda Cruzada.


En su origen, la Catedral de Lisboa era conocida como Iglesia de Santa María la Mayor, y no fue hasta finales del siglo XIV cuando comenzó a ejercer como catedral. Por sus diferentes usos y fases arquitectónicas encontramos en ella un mosaico de estilos; aunque mantiene la esencia del románico en su estructura externa de dos torres y en el gran rosetón, el interior, más oscuro y austero, es claramente gótico. Alberga además un tesoro muy preciado: los restos de San Vicente, patrón de la ciudad, cuyo ataúd, según cuenta la leyenda, acompañaron dos cuervos en su traslado a la ciudad (de ahí la incorporación de los mismos al escudo de Lisboa).

HISTORIA ARQUITECTÓNICA DEL EDIFICIO _______________________

El primer edificio fue construido entre 1147 y las primeras décadas del siglo XIII en estilo Románico tardío. En aquel tiempo, las reliquias de San Vicente de Zaragoza (patrón de Lisboa) se llevaron a la catedral desde el sur del país. A finales del siglo XIII, el rey Dionisio I de Portugal construyó un convento gótico y su sucesor, Alfonso IV convirtió la capilla principal en panteón real para sí y su familia. En 1498, la reina Leonor fundó la Misericórdia de Lisboa en una de las capillas del convento de la catedral. La Misericórdia es una institución caritativa católica que luego se expandió por otras ciudades y que fue muy importante en Portugal y en sus colonias.

Los terremotos siempre han sido un problema para Lisboa y para su catedral. Durante los siglos XIV y XVI se produjeron varios, pero el peor de todos fue el 1755, que destruyó la capilla gótica y el panteón real. El convento y varias capillas también se vieron afectadas por el terremoto y por el fuego posterior. La catedral fue reconstruida en parte y, a principios del siglo XX, se le dio el aspecto que presenta en la actualidad tras una profunda restauración. En los últimos años, diversas excavaciones han descubierto restos romanos, árabes y medievales en el entorno de la catedral.

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 La fachada de cantería es robusta, de estilo románico, compuesta por un cuerpo central con portada ubicada en una especie de nartex que se cubre con bóveda de cañón, con varias arquivoltas asentadas sobre columnas con capiteles decorados con motivos vegetales. Sobre este espacio se dispone una balaustrada a modo de terraza desde la cual se despliega un arco de medio punto que alberga un rosetón que ilumina el interior. Este cuerpo se encuentra flanqueado por dos torres almenadas con tres cuerpos cada una; uno a modo de base, el segundo con ventanas geminadas que iluminan las escaleras de acceso, y el segundo con las campanas que se dejan ver a través de un ventanal con cinco arquivoltas. 






La Fachada lateral del lado Norte está formada por varios cuerpos de diferentes alturas. Se accede a través de un pequeño porche y un arco apuntado con arquivoltas que se apoyan sobre columnas y dos pilastras prismáticas con capitales decoradas con motivos vegetales. Destaca una imagen visigótica asentada sobre el primer contrafuerte así como el rosetón que se ubica a la altura del crucero, haciendo juego con el que aparece en la fachada principal.



Es una iglesia de cruz latina con tres naves y triforio sobre las laterales, cada una de ellas divididas en seis tramos separadas por pilares fasciculados, transepto y cabecera compuesta por ábside y deambulatorio con capillas radiales. Posee una serie de cuerpos anexos tales como la sacristía, el camarín y las capillas laterales.


La nave central y el transepto se cubren por bóveda de cañón, de arista en las laterales y crucería en el deambulatorio, mientras que la capilla mayor se cubre mediante bóveda con lunetos. El crucero se corona con una torre octogonal. 










El crucero se cubre con lo que se denomina una torre de tipo "normando", propia de las iglesias románica de esta zona de Francia. 

La capilla mayor y el pavimento se cubren con piedra caliza de diferentes tonalidades, así como pinturas de temas marianos y estucos. Sendas tribunas, dos tumbas reales y  un altar dedicado al Santo Patrón, completan esta espacio. Los mármoles de colores con columnas y capiteles de inspiración neoclásica y los túmulos de Don Alfonso IV y Doña Beatriz, que sustituyeron a los iniciales destruidos en el terremoto. 


La girola posee una serie de capillas poligonales cubiertas con bóvedas ojivales, con sencillos altares, dos de las cuales dan acceso al claustro.

Cuenta con un claustro rectangular adosado a la cabecera, de dos cuerpos de altura y tres alas.



 En el lado del Evangelio encontramos la Capilla de San Bartolomé, de planta rectangular dividida en dos tramos con bóvedas ojivales y pavimento de motivos geométricos. Su acceso se realiza mediante un arco apuntado excavado en el muro, con ocho arquivoltas. En su interior se encuentra la tumba de Don Rodrigo de Cunha. En época de Don Joao III se instaló el retablo de Bartolomé Joanes, construido en 1537 por el humanista Pedro Fernández de Serpa, con ocho tablas donde se representan el Martirio de San Bartolomé y varias escenas de la vida de la Virgen y de la Pasión de Cristo, pintadas por Cristovao de Figueiredo, Garcia Fernandes y Diogo de Contreiras.




A continuación encontramos el vestidor del Patriarca, justo enfrente de la Capilla del Santísimo Sacramento. 







Imagen superior: Capilla del Santísimo Sacramento

En el lado de la Epístola encontramos la sacristía de plantar rectangular, con suelo de baldosas de color rojo. Al otro lado de la  puerta de acceso a esta nave, encontramos la Capilla de San Vicente. Entre 1693 y 1712 de la mano de Don Pedro II se construyó el retablo de San Vicente, obra del arquitecto Joao Antunes, además de la decoración de algunas capillas del claustro. De esta época es el retablo de la Capilla de Santa Ana, que hoy en día se encuentra en el Camarín del Patriarca.



En el Museo de Arte Sacro, antigua Sala Capitular, destaca la existencia de un antigua custodia de 1760 obra del orfebre Joaquim Caetano de Carvalho.

A finales del siglo XX se iniciaron las excavaciones para la consolidación del Claustro, donde apareció diverso material arqueológico de diferentes épocas y culturas desde el siglo VI hasta el XIV. 


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