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domingo, 29 de mayo de 2011

HERMANDAD DE LA LANZADA

REAL, ANTIGUA, ILUSTRE Y FERVOROSA HERMANDAD SACRAMENTAL, CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA, SANTA ESPINA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, ÁNIMAS BENDITAS, NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA DIVINA ENFERMERA Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE LA SAGRADA LANZADA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, NUESTRA SEÑORA DE GUÍA, SAN JUAN EVANGELISTA Y MARÍA SANTÍSIMA DEL BUEN FIN


La Hermandad de la Lanzada tiene su sede en la Iglesia de San Martín, situada en la plaza del mismo nombre. Cada Miércoles Santo, procesionan desde este lugar dos pasos: el Misterio de la Lanzada y el palio de la Virgen del Buen Fin. 
Es un edificio gótico del primer cuarto del siglo XV, de una sola nave totalmente abovedada y con capilla mayor de forma cuadrangular, también abovedada y destacando las dos trompas angulares que sirven de sustento. A los pies de la iglesia se sitúa la portada más antigua con arquivoltas apuntadas propias del gótico y situándose junto a ella la torre. En el muro derecho, y entre contrafuertes, se abre una portada neoclásica.
El retablo mayor fue diseñado, en estilo renacentista, por Vermondo Resta en 1606, y lo realizó Diego López Bueno. La hornacina central la ocupa una imagen del siglo XVIII con la advocación de la Divina Maestra. En el banco se sitúan relieves de San Juan Bautista y San Marcos.  Las calles laterales albergan lienzos con escenas relativas a la vida de San Martín y tallas de la Virgen, San Pedro, San Pablo y San Juan., todas ellas obra de Francisco Ocampo (1606-1608). El ático se remata con un crucifijo, virtudes y ángeles. Dentro del propio presbiterio encontramos otros cuatro retablos de menor tamaño. En el lateral correspondiente a la Epístola vemos primero un retablo del siglo XVIII con imágenes de la familia de la Virgen y en segundo lugar otro retablo cobijando una Inmaculada del siglo XVIII. En el muro del Evangelio se sitúan un retablo del siglo XVII con dos relieves que representan el Entierro de Cristo y el Calvario; el segundo de los retablos es del siglo XVII y alberga una imagen de San José.
En el muro de la Epístola se puede observar un importante órgano neoclásico así como la llamada Capilla del Reposo en la cual descansan los restos de Don Diego de Gallegos, así como un retablo neocásico con la imagen de San Francisco de Paula. En la cabecera del mismo muro vemos el retablo de la Esperanza Divina Enfermeram, de hacia 1660, mientras que la imagen es de la segunda mitad del siglo XVI, con remodelaciones posteriores que la dotaron de una belleza castiza.
Por lo que al lado del Evangelio se refiere, destacar que a media altura se abre la Capilla del Sagrario en la que se encuentran las imágenes de la Hermandad de la Sagrada Lanzada. Los frescos de su interior se deben a Mohedano, de la primera mitad del siglo XVII. Culmina este lateral el retablo de la Virgen de la Europa, de finales del siglo XVIII, recordando el estilo de Hita del Castillo.
En esta iglesia descansan los restos de los imagineros Juan de Mesa y Alonso Martínez.



La Cruz de Guía se debe a Salvador Domínguez

SANTÍSIMO CRISTO DE LA SAGRADA LANZADA








Antonio Illanes dejó su firma entre los pliegues del sudario




La antigua imagen de Longinos fue realizada por Elías Garó, y miraba sorprendido a Cristo, mientras le brotaba sangre y agua de su costado. La imagen actual es obra de José Antonio Navarro Arteaga (1999), y en este caso mira a las Marias, mientras éstas le suplican que se apiade de Jesucristo. El caballo fue realizado por el mismo autor en 2004.







El canasto se ejecuta en 1949 y es obra de Luis Jiménez Espinosa, que recibiría la medalla de bronce de la ciudad por esta magnífica talla, que a su vez es una de las de mayores dimensiones de la Semana Santa. Su trazado se basa en la crestería del retablo mayor de la Catedral de Sevilla, de líneas rectas con perfiles y bombo en el canasto, donde destacan las cartelas talladas sobre el mismo bloque, junto con los candelabros y respiraderos a juego. 


La talla es naturalista de estilo gótico e inspiración vegetal. Presenta una composición dinámica, donde la línea entra y sale del canasto formando un juego de planos cóncavo-convexos. La talla fue desarrollada por uno de los discípulos más aventajados del maestro, Manuel Guzmán Bejarano.


Los ángeles mancebos policromados que sujetan las cartelas de las esquinas, son obra de Luis Ortega Bru, inspirados en los que, de estilo gótico, existen en la tumba del Cardenal Cervantes. El resto de ángeles son de Rafael Barbero Medina de 1949.


Llaman especialmente la atención los templetes de las esquinas, que simulan una pequeña bóveda con estilizadas agujas que desprenden el estilo elegido para la ejecución. Bajo las mismas se incluyen medallones, así como en los centros de cada lado del canasto, escudos corporativos.

La talla destaca por su recargamiento ornamental, presente también en candelabros de guardabrisas, respiraderos y maniguetas de grandes dimensiones, y de la misma morfología que el resto del canasto.




Algunas de las insignias entre las que cabe destacar el asta del Simpecado, obra de Fernando Marmolejo. El estandarte bordado por Sobrinos de Caro; los paños de bocina de Carrasquilla; la Cruz de Guía de Salvador Domínguez o el Guión Sacramental fechado en el siglo XVII. Los juegos de ciriales son de Rangel e Hijos de Juan Fernández.

MARÍA SANTÍSIMA DEL BUEN FIN


El paso de palio actual procesionó por primera vez en 1973, habiendo sido diseñado por Luis Jiménez de Espinosa. Se proyectó con la estética gótica propia del gusto de la Hermandad en todas su manifestaciones artísticas. Para su elaboración se unieron buena parte de los mejores creadores del momento; Antonio Martín para la talla en madera, Francisco Bailac para la ebanistería, Serafín Jiménez para el dorado, y en la orfebrería los hermanos Juan y Francisco Fernández 



La imagen de María Santísima del Buen Fin data de 1810, siendo su autor Juan de Astorga. Es la más antigua de sus obras y por ello puede verse en los rasgos que el artista no había encontrado aún el ideal de belleza, clasicista y romántico, que caracteriza gran parte de su producción posterior. La imagen es de candelero para vestir, realizada en madero de cedro y mascarilla de papelón. La cabeza inclinada hacia la derecha con la mirada caída y actitud llorosa. La última restauración es de 2006, por Juan Manuel Miñarro, que le sustituye los ojos para que recobrase su aspecto original.



La corona procesional fue realizada por Ramón León Peñuelas e Hijos, siendo estrenada en el año 2006. Elaborada en plata dorada. Consta de doce estrellas, y repleta de motivos calados y neogóticos. El puñal de plata sobredorada, fue realizado por Villarreal en 1973.


La saya fue confeccionada por  Concepción León en 1852. Se alquiló a una cofradía de Utrera en 1856, y cuando entró como Mayordomo el escultor  Manuel Gutiérrez Reyes Cano, se planteó un requerimiento judicial y se pudo recuperar la misma. Hasta 1973 iba sobre terciopelo negro, pasándose en este año a terciopelo azul oscuro. Presenta una gran exhuberancia decorativista siendo rematada en su parte superior por tres flores. El programa iconográfico se concibe como una exaltación mariana mediante la utilización de margaritas, flores de lis, cardos, rosas y rosas de pasión, en alusión  a las virtudes marianas. Probablemente sea la saya más antigua de la Semana Santa de Sevilla, cuyo diseño está cerca del estilo de principios del siglo XIX, con un esquema equilibrado en sus formas.


El paso se ha insertado tradicionalmente en el estilo neogótico, aunque podamos observar en alguna de sus piezas reminiscencias barroquistas, como es el caso de sus varales. El matiz rojizo del palio se contrapone con los bordados dorados de sus bambalinas, creando un equilibrio cromático que se completa con el plateado de su orfebrería.


Las pilastras goticistas que sobresalen en su parte superior van enmarcando los frisos vegetales entrecruzados que se incertan en medio, creándose una perspectiva vertical de peculiar fisonomía. Son notas originales las bandas que dibujan modelos trevolados, que se superponen a los motivos vegetales, ubicando en la parte inferior un friso de secciones semicirculares, mientras en la parte superior, una tracería gótica. El diseño se debe a Luis Jiménez Espinosa. En el paño central se ubica el escudo abreviado de la Hermandad, con cruz y lanza, donde se sitúan, en la parte superior dos pequeñas pilastras. Las caídas aparecen sin cordones con borlas, enmarcando aún más la concepción vertical de la composición.


En la gloria de techo aparece la imagen de la Divina Enfermera, cotitular de la Hermandad, siendo diseñada  y pintada por Juan Luis Aguado. Ha seguido las reminiscencias goticistas propias del léxico estilístico de la Hermandad, destacando la doble cenefa, las flores de lis y las picas, todo ello alusivo a la exaltación mariana. La Virgen y el Niño presentan una iconografía típica del XIX, con ráfaga a su espalda y medialuna  a los pies, además del cetro y coronas, realizados en orfebrería.

La bambalina frontal se debe a Sobrinos de Caro de 1973. Las laterales a Juan Antonio Curquejo de 1997, mientras que las traseras a Fernández y Enríquez de 1990.El bordado interior es obra de Genoveva de Albaida (?)



Frontal del paso de palio, en el que cabe destacar la labor de bordado de los faldones que fueron realizados por el taller de la propia hermandad y estrenados en 2008.


La delantera presenta unos singulares pináculos y una capilla central con la imagen en miniatura de la Virgen de los Reyes, tras la cual se ubica un relicario de San Antonio María Claret, ejecutados por Hijos de Juan Fernández en plata de ley.  En el año 2007 recibió una reliquia del Lignum Crucis que lleva la Virgen en la calle de la candelería.


Se sitúan dos jarrillas junto al llamador (autor ¿?), y una placa recordatoria de todas las hermandades del Miércoles Santo.



Las cartelas pintadas que figuran en los respiraderos son obra de Juan Luis Aguado


La imagen de la Virgen del Buen Fin es la única de toda la Semana Santa Sevillana realizada en papelón, una técnica constituida por virutas de madera ensambladas a pequeños pliegues de papel fino picado. El rostro se limpia con algodón y clara de huevo para mantener su tersura y brillo. En 2010 se cumplieron dos siglos de su hechura.


Una estructura muy original presentan los varales de dibujos ondulados con unos nudetes de estructura abultada en las secciones centrales, terminados en perillas, cuyo basamento poligonal presenta un planteamiento a base de arcos de medio punto, enmarcando tajas vegetales en la parte inferior, completándose con figuras treboladas.


Jarras laterales

Detalle de los basamentos de los varales que son obra de Hijos de Juan Fernández, al igual que las jarras, candelería, candelabros de cola y peana.


Los respiraderos combinan la madera tallada por Antonio Martín y dorada por Serafín Jiménez, junto con la orfebrería de metal plateado, de Juan y Francisco Fernández.


En el año 2006 se estrenaron las cuatro maniguetas y unas novedosas esquinas en forma de capillas, albergando pequeñas imágenes que representan a San Marcos, San Basilio, San Nicolás y San Francisco de Paula, alusivas a las distintas sedes donde ha residido la corporación a lo largo de su historia. Están realizadas en plata de ley con atributos chapados en oro, por Ramón León Peñuelas.


Como ya hemos comentado, los candelabros de cola también son obra de Hijos de Juan Fernández, y presentan diez brazos.

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