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sábado, 9 de julio de 2011

HERMANDAD DE LA MACARENA

REAL, ILUSTRE Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADÍA DE NAZARENOS DE NUESTRA SEÑORA DEL SANTO ROSARIO, NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SENTENCIA Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA MACARENA


La Hermandad de La Macarena tiene su sede en La Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena,  situada en el número 1 de la calle Bécquer, en el barrio del mismo nombre. De ella salen dos pasos cada Madrugá: el Misterio de Jesús de la Sentencia y el palio de la Virgen Macarena.
Trazada por Don Aurelio Gómez Millán en 1941, siguiendo modelos barrocos y andaluces, y siendo bendecida  el 18 de marzo de 1949 por el Cardenal Pedro Segura y Sáenz, actuando como padrimos el general Queipo de Llano y Doña Serafina Salcedo; obtuvo la categoría de Basílica Menor por una bula del 12 de noviembre de 1966, concedida por el Papa Pablo VI.
Se trata de un edificio de una sola nave cubierta por bóveda de cañón con capillas laterales sobre las que se disponen tribunas con arcadas y zócalo de mármol rojo. Las pilastras  y las bóvedas presentan decoración pictórica con escenas de la Virgen. En la cúpula del presbiterio se representa un rompimiento de Gloria con la escena de la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad. Fueron realizadas entre 1981 y 1993 por Manuel Flores y Rafael Rodríguez Hernández.


La fachada y atrio de acceso están inspirados en el compás de la iglesia conventual de San Clemente. Tiene forma de arco sobre el que se dispone una hornacina con alegoría a la Esperanza y a la Pureza de María. Completa el conjunto una vistosa espadaña de dos cuerpos con campanas.





El Retablo Mayor que alberga la imagen de la Esperanza Macarena, es de estilo neobarroco, realizado en los talleres de Juan Pérez Calvo y tallado por Rafael Fernández del Toro. El resto de la imaginería se debe a Luis Ortega Bru y el dorado de Antonio Sánchez. Presenta dos cuerpos más ático. En el segundo se sitúa un relieve de la Asunción de María, mientras que en el ático encontramos las alegorías de las tres Virtudes Cristianas: Fe, Esperanza y Caridad. Los trabajos de orfebrería del camarín de la Virgen fueron realizados por Fernando Marmolejo Camargo.


La primera capilla que nos encontramos por el lado del Evangelio es la de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. El altar fue realizado igualmente por el Taller de Juan Pérez Calvo en 1951, siendo una donación de los funcionarios del Ministerio de Justicia. Presenta una solo cuerpo con tres calles.



A los pies de la nave izquierda, encontramos el altar del Santísimo Cristo de la Salvación, obra de Ortega Bru. A sus pies yacen los restos de Queipo de Llano y su esposa. El retablo se debe igualmente al taller de Juan Pérez Calvo. 
El altar de Nuestra Señora del Rosario se encuentra en la primera capilla del lado de la Epístola, atribuido igualmente al Taller de Juan Pérez Calvo. De un solo cuerpo con tres calles, recuerda en parte a la del Señor de la Sentencia. Del mismo modo todas las esculturas fueron realizadas por Ortega Bru, mientras que la titular se atribuye a Pedro Duque Cornejo, del siglo XVIII. 
El último retablo que encontramos es el de la Hispanidad, creado como agradecimiento al pueblo sudamericano por la cantidad de donativos que habían enviado para la construcción y embellecimiento de la Basílica. Diseño y ejecución de Juan Pérez Calvo, que se completa con una serie de pinturas de las patronas sudamericanas realizadas por Luis Encina, salvo la patrona de la República Dominicana realizada en cerámica. Lo preside la Virgen de Guadalupe, obra de 1703, donada por el Abad de la Basílica de Guadalupe de México.

NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SENTENCIA


Nuestro Padre Jesús de la Sentencia fue realizado por Felipe Morales Nieto, habiendo contratado la obra en 1654 junto a otras figuras. Es una imagen de madera para vestir, erguida, y con una altura de 1,70 metros.  La imagen del Señor fue restaurada en 1933 por Antonio Castillo Lastrucci, realizándole unas nuevas manos en 1936, sustituídas nuevamente por otras de Antonio Eslava en 1954, quien en 1960 restaura los brazos y la corona de espinas, retallándole, en 1966, los pies y haciéndole unas nuevas manos. En 1984, el profesor Francisco Arquillo Torres acomete una completa restauración de la imagen.


El varón aparece estante y maniatado por delante del cuerpo, inclinando levemente la cabeza hacia abajo.  La corona de espinas ha sido modelada en el mismo bloque craneal, presentando el cabello resuelto a base de ondulantes guedejas, dejando al descubierto ambas orejas. La barba, en cambio, ha sido labrada empleando menudas estrías. El rostro es juvenil y delgado, con los ojos de cristal, las pestañas superiores de pelo natural, las cejas pinceladas pelo a pelo, la nariz recta y alargada, los pómulos salientes y la boca, menuda, entreabierta, insinuando la dentadura tallada. Las potencias, fueron realizadas en oro de ley por Emilio García Armenta.


El Señor posee cuatro túnicas bordadas que va alternando cada año, bordadas dos de ellas por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1889 y 1909), el taller Sobrinos de José Caro (1944) y Ángela Navarro Calderón (1960), con diseño de Joaquín Castilla Romero. En el año 2010 lució "la de los ochitos" por la similitud de los dibujos que se asemejan a este número.
La primera túnica (foto superior de la izquierda) de Juan Manuel Rodríguez Ojeda está realizada a base de piezas de gran formato, configuradas por hojas de cardo en movimiento, asidas entre sí por largos tallos serpenteantes rematadas en otras hojas de menor tamaño. La segunda, de 1909, ya pertenece a otra época, abandonando las asimetrías y grandes volúmenes, para dar paso a formas más pequeñas, siempre simétricas que cubren la superficie de las prendas repitiéndose. Los motivos ornamentales, dejan de ser necesariamente vegetales, sino ideados por la mente de Juan Manuel. 


El Pasaje Evangélico que representa este Misterio es el siguiente: "Pilato, en vista de que nada adelantaba, sino que más bien crecía el alboroto, pidió agua y se lavó las manos a vista del pueblo mientras decía -Soy inocente de la sangre de este justo-. Y respondió todo el pueblo -Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos-. Por fin les indultó a Barrabás y tras haber hecho flagelar a Jesús, se lo entregó para que fuera crucificado". (Mt 24, 24-26)


El paso actual (tarima y canasto) data del año 1955, en estilo neobarroco iluminado por candelabros de guardabrisas y fue realizado en el Taller de Juan Pérez Calvo. La talla corresponde a Rafael Fernández Toro, los medallones y ángeles son obra de Luis Ortega Bru y el dorado lo realizó Antonio Sánchez, siendo nuevamente dorado por Luis Sánchez Jiménez en 1978. Se completa con cuatro relicarios en las esquinas realizados por Fernando Marmolejo Camargo. Este paso se restaura y dora completamente por Talleres Calvo en el año 1997, año en que estrenó nuevos faldones de Fernández y Enríquez.



Se muestra la Imagen del Señor maniatado entre soldados romanos y sayones; uno de ellos va leyendo la sentencia; Pilatos se lava las manos en una palangana que le presenta un esclavo negro. Acompaña al gobernador, junto a su trono, su esposa Claudia Prócula, arrodillada, pidiendo clemencia para el divino reo. Todas las figuras que aparecen en el "paso" son de Castillo Lastrucci, excepto el centurión, obra de Álvarez Duarte y la Imagen del Señor.


El Sanedrita judío que lee la sentencia


Las indumentarias de los soldados y sus corazas han sido diseñadas por Fernando Aguado, con orfebrería de Manuel Jiménez



Poncio Pilato junto a Claudia Prócula


Soldado romano y uno de los sanedritas



Detalle del trono de Pilatos




Todo el conjunto de Lastrucci fue restaurado por Antonio Eslava Rubio en 1955, quien sustituyó los ropajes encolados por vestiduras de tejido natural. Igualmente, Rafael Barbero Medina, en 1959, retocó las encarnaduras de las efigies. 


Cartela de los respiraderos con el escudo de la Hermandad


Las cartelas y ángeles mancebos fueron realizadas por José Luis Ortega Bru; a ello se suman las representaciones de los cuatro evangelistas que figuran en el centro de cada uno de los lados del canasto. A continuación mostramos algunas de las cartelas alusivas a la Vida de Cristo, faltando las de la Flagelación y Coronación de Espinas que se sitúan en la parte trasera del paso.


La Expulsión de los mercaderes del templo


La Resurrección de Lázaro


La Entrada en Jerusalén


Jesús despojado de sus vestiduras


La Adoración de los Reyes Magos


El Nacimiento de Jesús


Jesús Descendido




El Traslado de Cristo



La Exaltación 



Jesús caído camino del Calvario


Cada una de las esquinas va presidida por una pareja de ángeles mancebos que portan una custodia, que a su vez dan cobijo a las imágenes de San Basilio, San Gil, Santo Domingo y San José








Las insignias son de una calidad artística excepcional


La Cruz de Guía. en plata de ley, obra de Manuel Seco Velasco, en 1955, con faroles de Fernando Marmolejo Camargo, en 1961.


El tintinábulo (izquierda), con asta de Manuel Seco Velasco en 1966. El estandarte (centro) del taller de Sobrinos de Caro, según diseño de Ignacio Gómez Millán, en 1937


La bandera pontifica, con asta de Manuel Seco Velasco, de 1960, y bordados del Taller La Esperanza, en 1981


El libro de reglas es obra de Fernando Marmolejo (1949), en plata y marfil. A este artista se deben igualmente las bocinas de ambos pasos, con diseño de Juan Pérez Calvo, estando bordados los paños por Concepción Fernández del Toro (1948-1950). 


El  Mediatrix (izquierda) lleva un relieve de la Esperanza Macarena, realizada por Luis Álvarez Duarte, y con bordados del taller La Esperanza (Carrasquilla). El asta de plata se debe a Manuel de los Ríos


MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESPERANZA MACARENA


María Santísima de la Esperanza Macarena, imagen de devoción universal, sobre la que han existido grandes dudas en torno a su autoría. Algunos autores la sitúan en el lapso cronológico comprendido entre 1670 y 1690, fechas en las que la hermandad efectuó reformas en el patrimonio artístico pudiendo afectar a la titular mariana. Otros autores afirman que guarda relación con el estilo de la plástica sevillana próxima a los años ochenta del siglo XVII. La leyenda y el fervor popular la unieron a la figura de La Roldana, así a otros artistas tales como Juan de Mesa, Benito de Hita o José Montes de Oca. Sin embargo, el conocimiento cada vez más completo sobre el estilo y obra de Luisa Roldán desmonta definitivamente la atribución a esta artista. Su comparación con la Virgen de Puerto Real (Cádiz, 1668) evidencia las notables diferencias estilísticas existentes entre ambas imágenes. Ante todo este panorama, la atribución a Pedro Roldán es la más sólida. Ello se debe a que la excelente factura en la realización de la mascarilla, la aplicación de la aceitunada policromía y la doliente composición general de la escultura. La Virgen posee una expresividad insólita que, pese a establecer un modelo de dolorosa que ha sido imitado hasta la saciedad, la sigue haciendo tan única como controvertida hoy en día. 
Sumándose a este amplio debate, Don Luis Álvarez Duarte esboza otra teoría que parte de una hipotética  relación de Ruiz Gijón con el ingente taller de Pedro Roldán. El golpe de gubia y el modelado valiente con que consiguen resultados efectistas avalarían esa posible conexión que a su vez respaldaría su hipótesis relativa a la autoría de La Macarena. Tras haber analizado detalladamente El Cachorro y otras obras de Ruiz Gijón tale como los ángeles y arcángeles del Gran Poder, el Cirineo de San Isidoro, San Antón del Silencio, entre otras, ha encontrado ciertas similitudes entre estas y La Macarena. 
Se ha percatado de la existencia de los mismos golpes de gubia, idéntica morfología de las orejas, del cuello, paladar. Los ojos de cascarilla policromados por detrás son idénticos entre todas estas imágenes. El entrecejo con bello hacia abajo y los dientes superiores tallados son algunas de las características comunes entre estas obras y La Macarena.
El Cachorro comparte las imperfecciones anatómicas, la mirada ligeramente estrábica, extraños errores de simetría, manos, pulgar y ojos idénticos a La Macarena. Para Don Luis, "el que ha policromado los ojos del Cachorro y los ojos del Cirineo, es el mismo que ha policromado los ojos de La Macarena. Los ojos son una parte íntima y definitoria de la identidad de un artista. Están abocetados, son impresionistas y magistrales, dándole vida y personalidad a la imagen". 
Por otra parte, aún suponiendo que las manos de La Macarena no sean originales, resulta significativo que las uñas están simuladas y no talladas por completo, al igual que ocurre con los angelotes del Gran Poder.



Se trata de una imagen de candelero para vestir, realizada en madera de pino y ciprés con una altura de 1.75m, habiendo sido intervenida en cuatro ocasiones por Emilio Pizarro en 1881, anónimo en 1884, Castillo Lastrucci en 1935 y Francisco Arquillo Torres en 1978, que respetó la tradicional mancha de la mejilla izquierda, reduciendo el espesor del repinte y atenuando la intensidad del color. 
La posición de su cabeza es frontal, con ojos de pasta vítrea y mirada baja, el iris policromado en tonos castaños, las pestañas son de pelo natural en el párpado superior y pintadas en el inferior,  cinco lágrimas por alusión a las cinco angustias padecidas por la Virgen; los párpados se hayan hinchados y las mejillas enrojecidas por la angustia; la nariz es recta y la boca de labio más carnoso en su parte inferior, se haya entreabierta, dejando ver  los dientes superiores y la lengua, ambos tallados; manos de dedos torneados y palmas en posición extendida, aparecen abiertas. 
Los rasgos muestran diferentes simetrías en cada una de sus mitades, reflejando un llanto más acusado en una y más sosegado en otra. Se conjuga el dolor con la alegría, el llanto de la Madre que sufre por su Hijo, con el gozo por la Esperanza de su Resurrección. Ni un solo elemento se repite en su rostro. 


El paso de palio, considerado un "prodigio de inventiva visual" contribuyó a definir el arte macareno, siendo copiado sin reparos por buena parte de la Semana Santa sevillana y andaluza. Destaca por su airosa silueta y su proporción justa. El palio de color burdeos bordado en oro, las bambalinas de malla de oro caladas dando transparencia al interior, puntas de flecos en bellota, tratamiento individualizado de los cinco paños laterales, bambalinas frontal y trasera fragmentadas por cordones en tres paños, situando en el centro el escudo de la corporación, culminando en corona real que sobresale de la crestería, son algunas de las pautas que lo convertirán en modelo a seguir.


La corona de salida que posee es de oro y fue realizada por Joyería Reyes en el año 1913 siguiendo diseño de Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Ciento veinticinco brillantes enriquecen el conjunto en 1938 y en 1953, se le colocan dieciocho en las estrellas. Posee incrustaciones de varias piedras preciosas en 1963. El redondo canasto, estructurado a base de pequeñas pilastras planas y estriadas, posee una decoración a base de círculos con minucioso ornato vegetal calado sobre el cual se dispone una naturalista plegado de ropaje al modo de guirnalda tras el cual se sitúa decoración, también calada. Destacan dos óvalos que cobijan los escudos realizados en esmalte de la ciudad y de España. Continúan seis imperiales de ejecución plana que dan paso a una ráfaga totalmente circular perfilada de ovas. Interiormente ornamentación vegetal plana con decoración incisa; exteriormente alternancia de motivos calados y rayos rectos, rematados los primeros por estrellas de diez puntas, mitad rectas, mitad flameantes. En el centro, una gran cruz de brillantes remata el conjunto sobre un fajado globo terráqueo. 
El 13 de mayo de 1964, La Macarena fue coronada canónicamente por el Cardenal Bueno Monreal en la Catedral de Sevilla.


En julio de 1907 se acordó con Juan Manuel Rodríguez Ojeda la confección de un nuevo palio que sería reformadado por él mismo en 1930, y en 1943 y 1945 por el Taller de Esperanza Elena Caro, respetándose en todo momento el espíritu inicial de la obra. En el año 1965, se realizaron nuevas bambalinas, respetando el dibujo original, ya que las anteriores no se podían recuperar. El techo de palio también se reestructuró y se aprovecharon la gloria de las Virtudes Teologales y los Evangelistas de las esquinas. Finalmente los respiraderos se terminaron en mayo de 1967. Nuevamente, en 1990, Fernández y Enríquez reestructuraron las bambalinas, mientras que en 1995, los faldones y respiraderos. 
En el palio impera el estilo neobarroco, donde la decoración se empequeñece ganando el conjunto en movimiento y simetría. Con la introducción de este estilo en el bordado, los demás elementos del paso tuvieron que acomodarse a la nueva estética "cuasi impuesta", y adoptar en sus formas el "horror vacui" propio del barroco.
Tanto en los laterales de la bambalinas frontal y trasera, aparecen macetillas y juegos florales a base de hojarasca y roleos, que marcan un ritmo desbordante pero en perfecto equilibrio, propio del estilo juanmanuelino. Las mismas terminan con un remate inferior de perfil polilobulado con flecos de madroño.



En las bambalinas laterales se repiten los mismos motivos ornamentales a base de macetillas, juegos florales, hojarascas y roleos, pero marcados por una personalidad bien definida y un gusto exquisito en los tintes coloristas del bordado. 


El techo de palio, es la culminación del programa estético de sus bordados, definido como un verdadero tapiz de hojarascas y tallos muy alargados que se desparraman por todo el espacio, bajo el principio del horror vacui, en donde se inserta, en los extremos, las figuras de los Evangelistas, bordadas en sedas de colores, ubicando en el centro, a modo de gloria, las Virtudes Teologales. 

Manto Camaronero, en 2010
La Virgen Macarena posee tres mantos de salida. El más antiguo es el de malla o de la "camaronera", llamado así al estar trenzado el terciopelo de Lyón por una red de oro, siendo una de las composiciones más logradas de las artes suntuarias hispalenses. Diseñado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda siguiendo para ello la tendencia dominante de la época, con estructura asimétrica, que utilizan sus maestras las Hermanas Antúnez, incluyendo florecillas y hojas de poco tamaño junto a llamativas hojarascas de amplias dimensiones en la parte baja.  
Tenía su precedente en el manto de la Virgen de Regla que actualmente está en Cantillana. Los motivos ornamentales eran los propios del estilo regionalista que estaba empezando a cuajar en el contexto artístico hispalense. Uno de los más originales fue la introducción de los ángeles muy dinámicos que le daba vistosidad a la pieza, inspirado en la cerámica y rejerías de estos años, de reminiscencias clasicistas. Sus alas se ejecutaron en seda verde matizada con aplicación de hilos metálicos. Los canastos son otra novedad en el repertorio ornamental del manto, inspirado en la tradición ceramista sevillana, que contienen juegos de flores de matices de amplias gamas de colores. Al mismo tiempo, cuernos de la abundancia, frutos, hojarascas y flores se insertan en todo el amplio tapiz que configura el conjunto del manto. Al estreno de este precioso manto, se uniría el palio rojo y la corona de oro que habían definido el llamado estilo macareno, rompiendo con la fisonomía decimonónica de carácter enlutado que había definido su carácter durante el siglo XIX.
Este manto fue pasado en 1962 a nuevo terciopelo en los talleres de Guillermo Carrasquilla Perea, y en 1995, también a nuevo soporte en los talleres Fernández y Enríquez de Brenes.





Manto de Tisú
El 20 de junio de 1929, Juan Manuel Rodríguez Ojeda presenta un informe de la reforma del palio, con el bordado de un nuevo manto, al que se le uniría la confección del techo de palio. Tendría como resultado la ejecución del famoso manto de Tisú verde, por un valor de 36.700 pesetas. El nuevo manto macareno se convertiría en la culminación de la obra de Rodríguez Ojeda, reutilizando algunos de los motivos ornamentales empleados anteriormente, pero mucho más estilizados, donde las hojarascas se enroscan desparramándose por todo el espacio del manto, estructurados en ejes compositivos a modo de candelieri, configurados por jarras a modo de floreros, impregnando un verdadero estilo sevillano. 

Manto de la Coronación en 2011
Con motivo de la coronación canónica se generó un importante debate en el seno de la corporación para determinar si se confeccionaba un nuevo manto o se restauraba el anterior de tisú. Se acordaron ambas cosas, pasándose el segundo por las Hermanas Trinitarias, mientras que el nuevo fue diseñado por Fernando Marmolejo, posteriormente transformado. La ejecución se la ofrecen a José Guillermo Carrasquilla, pero este la rechaza, y se dirigen a Esperanza Elena Caro, quien se plantea realizarlo en solitario terminándolo en un tiempo record, siendo uno de los últimos grandes mantos del arte cofrade hispalense. 
Sobre un terciopelo verde, el repertorio decorativo de gran frescura ornamental encajaba con la tradición, con elegantes jarras que marcan los ejes compositivos y  de juegos florales y hojarasca que se extienden por toda la pieza con exuberancia ya propia de un ritmo barroquizante.
Sin embargo, dada su emvergadura, no pudo completarse totalmente para el día de su coronación, no restando por ello magnificencia a tan grande obra.










En 1879, se nombra al bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda, con tan sólo 24 años, Prioste de la Hermandad, iniciando la etapa esencial de la corporación, con el cambio de tocado de la Virgen, inspirándose en los cuadros de la escuela pictórica hispalense del Siglo de Oro. Vestirá a la Esperanza con un rostrillo de blondas asimétrico y muy suelto, descubriendo la frente y el cuello de la imagen que hasta ese momento habían estado tapados por las apretadas tocas monjiles y que habían aplicado el sastre José Persio y algunos de sus seguidores. A partir de aquí se configura lo que hemos denominado "estilo macareno", no sólo en lo que al palio se refiere sino también a los cambios en la túnica de los nazarenos.


A Cayetano González, hermano de la corporación, se le encargó el 31 de marzo de 1930, la realización de los cuatro varales maestros del paso de palio, ya que los antiguos varales metálicos no encajaban con los bordados de Juan Manuel, siendo terminados en 1931. El resto de los varales, por su alto coste económico, no se comenzó a realizar hasta 1934, pero esta vez, sin intervenir Cayetano González al romper su contrato por controversias con la Junta de Gobierno, por lo que se le encomendó a sus discípulos Emilio Landa, Juan Fernández y Francisco Bautista, quienes lo ejecutarían entre junio de 1935 y marzo de 1936. 
Los varales están articulados en tres secciones, siendo el del centro de grandes dimensiones, situando en la basa capillas donde aparecen representados los apóstoles en bajo relieve, con motivos vegetales en la parte trasera, grabándose en las cuatro pértigas maestras los nombres y cargos de los componentes de la Junta de Gobierno que empezaron y culminaron la obra, la cronología y la firma de los orfebres. 
El balaustre aparece ornamentado por macollas y hojas vegetales con medallones donde aparecen la heráldica de la Hermandad de La Macarena, los monumentos más significativos de la ciudad y los atributos de la Pasión.





Jarra lateral, de las seis de que consta el paso



En las jarras de entrevarales se vuelve a utilizar el modelo de jarras con cabezas de animales fantásticos, parecidos a los de la Hermandad del Silencio, cuyo cuerpo se ha fraccionado en tres franjas horizontales, en cuyo centro aparecen medallones marianos y cristíferos intercalados entre cabezas de ángeles y en la parte superior cartelas con las letanías lauretanas. Están inspiradas en los cántaros para los Santos Oficios de la Catedral de Sevilla. 


Jarra lateral


Joaquín Castilla diseñó los candelabros de cola iniciales, las jarras de entrevarales, la peana, el bocelón y las maniguetas. Fueron ejecutadas por los discípulos de Cayetano González, Emilio Landa, Juan Fernández y Francisco Bautista. Las seis jarras de entrevarales fue el último trabajo conjunto de estos tres artistas, siendo contratadas el 14 de junio de 1937, separándose poco después. 
Francisco Bautista realizaría en solitario los trabajos de la peana, que fue sufragada, en buena parte, por el general Queipo de Llano y de los candelabros de cola. Juan Fernández ejecuta cuatro parejas de jarras para la delantera del paso en 1940 y posteriormente recibe el encargo de cincelar y repujar el bocelón que perfila el paso, así como las maniguetas también ese mismo año. 


Detalle de uno de los relieves de las jarras laterales


Delantera del paso de palio


Detalle de las ocho jarritas de la delantera del paso ejecutadas por Juan Fernández en 1940, con diseño de Joaquín Castilla Romero. Tienen una altura de 18 cm realizadas en chapa de playa de ley, laminada y cincelada, respondiendo al diseño de piezas del tesoro de la Catedral, con unas airosas asas a modo de roleos enroscados de los que cuelgan unas campanillas. En el cuerpo aparecen motivos heráldicos: La tiara o la Giralda junto a elementos decorativos vegetales. 


El llamador y la candelería son obra de Manuel Seco Velasco en 1955. El llamador es una de las mejores obras de la semana santa hispalense. Representa la imagen de San Miguel Arcángel hiriendo al dragón, situando en una inscripción la voz de mando ¡Al cielo con Ella! popularizada por el capataz Alfonso Borrero Pavón, y con el nombre de Ana Esperanza Távora, hija del donante de la pieza. 


Miniatura de La Virgen del Pilar, obra maestra de la miniatura de Francisco Bautista en 1942. Aparece en la calle de la candelería. Figura como recuerdo en la salida extraordinaria realizada en 1908 para celebrar el Centenario de la Guerra de la Independencia. Se trata en realidad de un ex-voto donada por Don José Alonso Luque en memoria de su hijo muerto en el frente del Ebro.


Miniatura de la Virgen de Guadalupe (1948), como encargo de la familia mexicana Sordo Magdaleno, y es una de las obras más renombradas de Fernando Marmolejo para el ámbito cofrade.



La candelería consta de 90 piezas, escalonadas en ocho tandas, presentando cada una de ellas una estructura triangular, llevando grabado el nombre de los donantes, ajustándose al estilo barroquista que se aprecia especialmente en los motivos decorativos que la ornamentan. 


Los nuevos candelabros de cola (2001) son obra de los Hermanos Delgado, aunque se siguen conservando los basamentos que diseñara Joaquín Castilla y que ejecutara Francisco Bautista en 1939.

Peana. Imagen tomada de la página web de la Hermandad 
La peana es una de las piezas excepcionales de la orfebrería contemporánea hispalense. Sería Francisco Bautista quien la inicia en 1939 para concluirla dos años después. Se proyectó con un programa iconográfico dedicado a la vida de la Virgen, situando en el centro la escena del Calvario y, en las laterales los motivos de La Piedad y La Anunciación, esta último relieve subarrendado a Emilio García Armenta, constituyendo la primera obra de este orfebre para la Macarena. Cabe destacar una crestería con líneas onduladas a base de rocallas con columnas bulbosas en la base.

Relieve de La Anunciación.
Imagen tomada de la página web de la Hermandad

Presentan base cuadrilobuladas con capillas que albergan las imágenes de los patronos de la ciudad. Tienen trece brazos con los característicos guardabrisas con coronillas. Destacan las cabezas de querubines que se sitúan en la sección superior y los motivos vegetales. 




Los faldones y los respiraderos son de Fernández y Enríquez, se realizaron para la salida extraordinaria del paso de palio. Los respiraderos cuentan con el bocelón de los Hermanos Delgado en cuyo frente aparecen, en el centro, el escudo de la Corporación, flanqueado por jarrones, y en los larerales los de San Gil y el de la Cruz de San Juan








Detalle de las maniguetas obra de Juan Fernández con diseño de Joaquín Castilla Romera.

2 comentarios:

  1. Magnífico blog, hermanos cofrades.El artículo de la Macarena, estupendo. Enhorabuena.

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  2. Gracias Emi. Nos gusta saber la opinión de quien los lee, lo que le has gustado e incluso lo que no, para mejorarlo. Un abrazo.

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COMENTARIOS

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