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sábado, 10 de enero de 2015

BIOGRAFÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS



Teresa de Jesús, es sin duda la gloria más preclara de la ciudad de Ávila, en la que nació, pronto van a cumplirse quinientos años, el 28 de Marzo de 1515, miércoles para más señas y a las cinco de la mañana como anotó su padre D. Alonso Sánchez de Cepeda, hijo de Juan Sánchez, un judío toledano converso y buen comerciante, que se traslada a vivir a Ávila donde se casa su hijo, primero con Doña Catalina del Peso y luego fallecida ella, en segundas nupcias con Doña Beatriz de Ahumada. Matrimonio cristiano, ejemplar y virtuoso del que nacieron ocho hermanos a Teresa, que sumados a los tres del primer matrimonio cuadran la cifra que la propia santa nos da el decir que "éramos tres hermanas y nueve hermanos", resultando ser Teresa, según propia confesión, que así se sentía, la más querida de su padre y hermanos.

Y nada digamos de su madre que encontró en la hija su mejor amiga y confidente, compartiendo con ella sus devociones y gustos, como el de la lectura. Primero de las vidas de los santos, que propician el deseo de Teresa de irse a tierra de moros, buscando el martirio por parecerle que los mártires comprobaban muy barato el ir a gozar de Dios. Y luego de los libros de caballerías, donde también aprenderá el galanteo, que no tardará en practicar con sus primos al entrar en su adolescencia.

A la que llega tras pasar la dura prueba de la orfandad, con la muerte prematura de Doña Beatriz, a sus 33 años, cuando Teresa apenas había cumplido los 13.

Llevada por su padre a las Agustinas de Gracia, para cortar más de raíz la relación citada con los primos, empezará a sentir la llamada a la vida religiosa. Vocación que madura con sus lecturas y reflexiones que le impulsan a huir de casa ante la negativa de su padre, a darle su consentimiento, ingresando en 1535 en el convento Carmelitano de la Encarnación, mientras los hermanos varones se marchan a la América recién descubierta, en busca de gloria y hacienda.

Convento de La Encarnación

Y en su convento vivirá feliz 27 años, siendo siempre, eso sí, el centro de la atención y el afecto de familia, monjas y seglares, y dándose ardorosamente a la virtud, tras su conversión en 1554.

Alcanzada su madurez humana y espiritual, a sus 47 años, buscando el seguir con mayor perfección el llamamiento que el Señor le había hecho y ayudar a la Iglesia con su oración y encerramiento, funda en 1562 el convento de San José en Ávila, al que luego seguirán otros catorce, recorriendo los caminos de Castilla y Andalucía, interviniendo también directamente en la fundación de los primeros conventos de descalzos, como Duruelo y Pastrana que se deben a su iniciativa.

Por si no fuera bastante, en los escasos tiempos que le deja su quehacer de fundadora, escribe sus libros, cumpliendo con la obediencia que le imponen sus confesores, y un sin fin de cartas con las que gestiona la vida, los problemas, las inquietudes de los conventos, de los frailes y monjas, de los amigos que forman su familia y su entorno.

Alba de Tormes

Finalizada la fundación de Burgos en 1582, morirá en Alba de Tormes, el 4 de Octubre de ese mismo año, maltrecho el cuerpo pero entero el espíritu, cuando iba camino de Ávila, donde estaban sus raíces y le esperaban sus monjas de San José de donde era priora. Porque Ávila fue su cuna y allí cada piedra evoca hoy su memoria porque nadie ha honrado como Teresa su nombre y su historia. Y de hecho, va tan unido a su existencia que con razón también, aunque nacida Teresa de Cepeda y Ahumada se le llama Teresa de Ávila.

QUINTO CENTENARIO SANTA TERESA DE JESÚS




Ávila celebra el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús a lo largo de este año 2015, con una serie de actos entre los que destacan exposiciones, conferencias, etc. 

Existió una vez una mujer que vivía en un tiempo en el que, aún más que ahora, los varones controlaban la historia, empujados por una insaciable sed de poder que les llevaba a enfrentarse en innumerables guerras, a explotar pueblos inocentes. Vivió tras los muros de un convento de clausura, y, allí, le llegaron tristes noticias que hablaban de enfrentamientos incluso entre los que profesaban su misma religión, de personas que morían sin conocer al Dios que ella amaba.

Tocó, así, todo el dolor del mundo, todo el dolor de un tiempo, lo contempló mientras le parecía que no podía hacer nada, porque era mujer y sólo por serlo ya era sospechosa, porque apenas le dejaban pronunciar una palabra, porque quienes habrían de escucharla no la tenían en consideración, pensándola incapaz.

Esa mujer se llamó Teresa de Jesús y el 28 de marzo de 2015 se cumplirán 500 años de su nacimiento. Como nosotros ahora, también ella supo que la historia la manejaban unos pocos, pero nunca creyó que no podría cambiar nada. Esa es, quizás, la principal diferencia entre nosotros y ella.

Puesta frente a Dios, le conoció como Amigo y Maestro, como Libro Vivo en el que comprender su propia verdad y la verdad del mundo. En Cristo, su Amado, Dios se le revelaba preocupado por la historia, preocupado por los hombres y mujeres de todos los tiempos, preocupado por ella.

Teresa supo que, dando su vida por todos, Jesús le había marcado un rumbo y le pedía que siguiera sus huellas y que, andando junto a Él, también ella podría contribuir a cambiar la historia, a transformar la ciudad terrena en ciudad de Dios, a dibujar sobre este mundo el Reino. Y se puso en camino.

Fundó pequeñas comunidades de mujeres empeñadas en demostrar al mundo que el amor puede cambiar el rumbo de la historia. En ellas, sus hijas vivían (y viven aún ahora) amándose unas a las otras, capaces de renunciar a todo en favor de los otros, sin imponerse, sin vencer la tentación de la avaricia y la preocupación exagerada por nosotros mismos que acaba por hacernos desentendernos de los otros, sabiendo que cada hombre y cada mujer son un compañero de camino cuya vida es una palabra que he de respetar y escuchar.

Celebrar el Vº Centenario de Santa Teresa es, sobre todo, lanzarnos a descubrir que entre las cenizas de este mundo aún caldean las brasas de otro mundo posible, mucho más justo y mucho más humano.

Celebrar así esta efeméride nos ayudará, de la mano de Santa Teresa a afrontar el presente y el futuro con coraje, con creatividad y con decisión, apostando por un mundo más justo, más solidario, en el que cada persona pueda descubrir que es única e irrepetible, que es amada y que está llamada a ser feliz, pero que no lo será si se cierra en sí misma y no es capaz de abrirse a Dios y a los otros.

*Texto tomado de la web avilaturismo.com 

A partir del mes de marzo tendrá lugar la siguiente exposición.


lunes, 24 de marzo de 2014

CAPILLA DE MOSÉN RUBÍ EN ÁVILA

Hoy hemos conocido que Adolfo Suárez será enterrado en el claustro de la Catedral de Ávila. Durante años, la capilla de Mosén Rubí fue el lugar para el descanso eterno de Amparo Illana e incluso estaba un espacio reservado para su propia tumba. Esto obedecía al estrecho vínculo personal que existe entre la familia del ex-presidente del Gobierno y el marqués de Fuente El Sol, José María de Figueroa, presidente del patronato del que depende este templo.




La capilla de Mosén Rubí es un templo católico localizado en Ávila. Fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento el 13 de junio de 1983. Recibió su nombre en honor a Mosén Rubí de Bracamonte, señor de Fuentesol.

En el siglo XV inició las obras de construcción Aldanza de Guzmán, y las continuó a su muerte su sobrina María Herrera hasta su terminación, ya en el XVI. Doña María nombró patrono a Diego de Bracamonte, quien muere decapitado por negarse a pagar los impuestos reales. Su hijo, Mosén Rubí, se hace cargo del patronazgo.

En la plaza del mismo nombre, se levanta un original conjunto arquitectónico constituido por el Hospital de la Anunciación (a partir de 1872 convento de Dominicas) y la capilla de Mosén Rubí, cuya arquitectura refleja la convivencia del último gótico y el renacimiento.

En 1565 un incendio destruyó gran parte del edificio, lo que justifica la diferencia de estilos que podemos observar: El edificio, inicialmente adscrito a un estilo gótico tardío, cuenta con una planta de cruz griega.






Durante la segunda mitad del siglo XVI, el edificio fue remodelado empleando el estilo manierista.

La portada es renacentista con columnas y arco de medio punto rematado en cornisa con balaustrada en arco de medio punto con dovelaje almohadillado, atribuida a Pedro de Tolosa y Pedro del Valle.




Típico perlado abulense


La nave es de estilo renacentista, con planta de cruz griega, cubierta con bóveda semiplana que recoge el sepulcro de los fundadores. Está separada de la capilla mayor por arcos renacentistas.

Toda la construcción se ejecuta en sillería de granito berroqueño, excepto la bóveda nervada, que se ejecuta en granito veteado "caleño".



El ábside, obra de Juan Campero, es gótico tardío de planta poligonal, con los ángulos reforzados con machones y decorados con escudos de armas y el típico perlado abulense en las aristas. En él se ubica un retablo barroco de tres cuerpos.

La capilla mayor se cubre con bóveda nervada propia del gótico tardío.






Retablo barroco de tres cuerpos y tres calles. 




Arcos renacentistas


Ocupando una posición central queda emplazado el cenotafio de los fundadores, Don Andrés Vázquez Dávila y Doña María Herrera. Muy cerca se encontraba la tumba donde reposaba Amparo Illana estaba a la derecha de la capilla, bajo una lápida en la que podía leerse: "Excma. Sra Amparo Illana Elórtegui. Duquesa de Suárez".







Tumba de Amparo Illana, Duquesa de Suárez. 



En esta capilla, abierta para actos de culto y al público en las tardes de martes a sábado y domingos y festivos por la mañana, excepto los lunes y el segundo domingo de cada mes, se custodia la imagen del Santísimo Cristo de las Batallas, de la que se dice que acompañó a los Reyes Católicos en sus campañas contra los musulmanes durante la Reconquista y que sale en procesión en la madrugada del Jueves Santo por las calles de Ávila.


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